
Al voltear el capitán León Tristón una noche, tras un punzón estremcedor, se encontró en el patio de su casa convertido en una diminuta sarigüella. Estaba parado sobre la fría y tierra llena de cadaveres de sus colegas de armas, al caminar unos pasos, percibió sus ridículas garras, comparadolas con las de hace un momento o alcanaba ni la mitad de la pisada anterior, estba al borde de la locura, de la cobardía.
-¿Qué sucedió con mi coraje?
Dio un último paso, y de pronto, el disparo. Despertó.
-¿Qué sucedió con mi coraje?
Dio un último paso, y de pronto, el disparo. Despertó.
